23 Feb Tu bienestar emocional y felicidad necesitan un plan drástico
“Quiero estar bien para mi familia… pero no sé cómo volver a sentirme bien”
“Quiero disfrutar más esta etapa”
“Necesito volver a mi centro”
Estas frases no suelen decirse en voz alta.
A veces aparecen mientras lavas los platos, cuando tus hijos ya se durmieron, o cuando te miras al espejo y no te reconoces del todo.
Soy María de los Ángeles Lagos, psicóloga clínica e instructora de meditación y mindfulness. Acompaño desde hace años a mujeres – madres y profesionales sensibles – que están atravesando momentos de cambio intenso y quieren estar bien consigo mismas para poder estar bien con quienes aman.
Y si llegaste hasta aquí, es muy probable que algo de esto también te esté pasando.
Quieres estar bien, pero estás agotada.
Quieres tener confianza en que todo va a estar bien, disfrutar esta etapa, sentirte en más calma, y construir hoy un estilo de vida que puedas agradecer mañana, pero en la práctica…
Te sientes desbordada emocionalmente, no reaccionas como quisieras, te incomoda ser así con quienes amas, te desconoces, estás más confundida, dudas más, las críticas te afectan más y te cuesta imaginar un futuro alentador.
El cansancio mental y emocional te lleva a explotar, y después de ello viene la culpa, y el autocastigo junto con la sensación de que “lo estoy haciendo todo mal”.
Así a veces pasan semanas, meses, improvisando, sobreviviendo, reprimiendo quizás e intentando no estar tan irritable o triste.
Y es importante detectar que esto ¡no es falta de amor, ni de ganas o de intención!. Es desregulación, sobrecarga y desconexión de ti misma.
Por eso, hoy aquí quiero compartirte 4 claves que descubrí acompañando a más de 15 grupos de mujeres que estaban en una situación similar a esta.
Pues después de años de trabajo clínico y de acompañar procesos grupales e individuales, he visto que hay pilares que realmente marcan la diferencia.
No son fórmulas mágicas, son procesos profundos.
1. Aprender a estar contigo en calma.
La primera clave no es hacer más. Es detenerte, el verdadero desafío.
Aprender a regular tu sistema nervioso, escuchar lo que sientes sin juzgarlo, e integrar lo que estás viviendo en vez de reprimirlo, o de responsabilizar a otros.
Volver a tu centro y confiar en ti.
Una mujer me dijo después de un acompañamiento: “Aprendí a conectar conmigo y a sobrellevar los momentos de emergencia”.
Porque cuando sabes regularte, ya no reaccionas desde el incendio y la desesperación o el miedo. Empiezas a responder desde la conciencia, y a sostener la habilidad de hacerlo.
2. Hacer un proceso para reencontrarte y reinventarte desde la aceptación.
No se trata de volver a quien eras antes.
Se trata de acoger la mujer que eres hoy.
Aceptar tu etapa actual, trabajar la relación contigo desde la calma, soltar la lucha constante con tu propia historia.
“Dejé de pensar tanto en los ‘debería ser’”, compartió otra participante que se liberó de este gran peso que llevaba a en silencio y le costaba admitir.
Y cuando sueltas el ideal imposible que inconscientemente cargas, aparece una versión más real y más libre de ti.
3. Conectar y respetar un plan a futuro con perspectiva.
Cuando por dentro estás en “modo desesperación” todo se siente urgente y confuso.
Pero aprender a mirar tu vida en perspectiva cambia el panorama.
Así también el empezar a compararte solo contigo misma, el reconocer y honrar tus aprendizajes y avances, y construir una visión que te inspire en lugar de una que te haga sentir hundida.
“Pude ver el panorama desde arriba” me dijo una mujer.
Llegar a sentir eso es liberador y le permitió tomar decisiones más claras y coherentes con quien quería ser.
4. Aprender a descansar de nuevas maneras.
No tiene que ver exclusivamente con dormir más (que es algo que siempre ayuda, pero no siempre se puede hacer).
Tiene que ver con aprender a desengancharte del complejo de “super-mujer” o “súper heroína” que vive en ti y se activa una y otra vez.
Con aprender a cuidar tu energía cada día, de manera regular (no solo cuando estás al límite).
Con aprender a recuperarte de manera simple y consciente cada vez que es necesario.
Con permitir que el descanso sea parte de tu vida (y no algo que sucede cada mil años como el cometa Halley).
- ¿Qué puede ser más noble y dulce que aprender a cuidarte y respetarte de esa manera?
Lo que empieza a cambiar cuando haces este proceso.
Para las personas que han pasado por los programas la vida no se volvió perfecta ni libre de problemas.
Pero algo importante y perdurable cambió: aprendieron de sí mismas.
Algo se acomodó que les hizo sentirse diferentes, y descubrir cómo volver a sentirse así cuando lo necesitan:
“Disfruto más y estoy presente.”
“Conecto más con mi familia.”
“Mi pareja me ve empoderada.”
“Mi hermano me preguntó si me gané la lotería.”
Lo que cambia no es tu entorno inmediato.
Lo que cambia es la forma en la que te sientes contigo y tu forma de ser, la forma en la que te relacionas contigo, y aprender a moverte, impulsarte y acompañarte cada día.
Y esto es muy potente, porque cuando tú cambias internamente, tu manera de acompañar a otros también se transforma. Los demás te sienten distinta, y te lo dicen.
Lo que este acompañamiento sí es (y lo que no).
No es un espacio para aprender a controlar a tus hijos o a tu familia.
Es un espacio para que tú estés bien y puedas acompañar con más paciencia y claridad.
No es solo un lugar para desahogarte o verter todo lo que sientes y listo (eso está muy bien, pero si no se acompaña de reflexión profunda, retroalimentación y herramientas perdurables: solo te da un alivio muy breve y fugaz).
Este es un proceso estructurado, profesional y profundo.
No es algo que se resuelva en un par de días.
Requiere dedicación, tiempo, energía y recursos, pero puede acelerar enormemente tus avances.
Lo que podrías trabajar durante años de manera fragmentada, aquí lo abordamos con foco, herramientas y acompañamiento continuo.
Es un espacio para:
- Reeducar tu sistema nervioso
- Regular tu emocionalidad
- Volver a tu centro
- Desarrollar una relación más saludable contigo misma
- Aprender a responder con más calma a las situaciones que hoy te sobrepasan
- Y, sobre todo: sentirte respaldada, comprendida y acompañada
Si estás en un momento de mayor vulnerabilidad, este puede ser tu punto de partida.
Si te reconoces en estas líneas.
Si ya sabes que sola has intentado muchas veces y vuelves al mismo lugar.
Si no quieres seguir sobreviviendo esta etapa, sino vivirla con mayor plenitud, te invito a dar el siguiente paso.
🌿 Postula a un espacio de acompañamiento dando click aquí.
Tendremos una conversación inicial para ver si este proceso es coherente con tu momento vital y con lo que hoy necesitas trabajar.
Dar este paso, de por sí te dará alivio, porque este no es un paso pequeño, es un acto de responsabilidad contigo misma. Y lo empezarás a sentir desde el primer momento, desde que agendes nuestra primera conversación.
Cuando tú vuelves a tu centro cambia tu ánimo.
Tu forma de vivir, tu futuro y tu forma de sentir.
Quizás en unos meses más, seas tú quien diga: “Algo en mí cambió y puedo notarlo”